SUEÑOS OLÍMPICOS

“DOCUMENTOS TV”

SUEÑOS OLÍMPICOS

Yo voy a comentar este documental, porque me ha parecido un claro ejemplo de cómo la actividad física no siempre está en concordancia con lo que actualmente podemos denominar una buena educación física.

Los chinos tienen montada una verdadera fábrica de atleta. En su afán por conseguir la victoria en los juegos olímpicos, acogen a niños/as a partir de cinco años y los preparan hasta que alcanzan la edad de poder competir. Son muchas las escuelas deportivas repartidas por toda Chinas; 221 de élite y 11600 especializadas.

A este afán de los entrenadores tenemos que añadir la esperanza de las familias por cambiar su estilo de vida, y salir de la pobreza en que viven. Un campeón olímpico en China tiene su vida solucionada, ya que el premio del estado es de 100.000 euros, y de los gobiernos locales es casa, coche, más dinero…, lo que quiere decir que una medalla olímpica podría suponer casi medio millón de euros.

Visto así, no está nada mal. El problema radica cuando estudiamos que hay en el fondo de todo esto, cuando vemos que lo que está en juego son las infancias de muchos niños/as  que la pierden a cambio de ello, y si no en el 100%, sí en la mayoría de los casos coaccionados por sus propias  familias, porque ¿realmente podríamos afirmar que lo eligen ellos? Solo tendríamos que ver algunos videos en internet para darnos cuenta de que no, de que lo que tenemos delante son caras frías,  tristes, y cuerpos débiles y delgados que muestran el dolor de la superación.

 

El ingreso en estas escuelas se hace a través de unas duras pruebas que evalúan tanto la destreza física como las condiciones médicas de los aspirantes. Una vez aceptados, el ritmo de entrenamiento es de ocho horas al día, seis días a la semana. Son sometidos a escalofriantes estiramientos y exagerados ejercicios de resistencia. Las expresiones de dolor, lágrimas y lesiones físicas son su rutina cotidiana, donde quejarse está prohibido y llorar solo se puede hacer en silencio. Su educación está desatendida y su alimentación reducida a una comida al día.

    

 Los protagonistas de este documental son niños/as de cinco y seis años, de un nivel socio-económico bajo y con ambientes familiares muy críticos, que acuden todos los días a la escuela de deporte para impartir sus duras clases de gimnasia, bajo la despiadada tutela de sus profesores,  aguantando insultos, golpes e incluso patadas.

Podemos ver a dos crías colgadas de la barra fija, realizando una prueba de resistencia, con sus caras tensas aguantando el llanto, los brazos rígidos manteniendo el peso de su propio cuerpo. Una no puede más y se desploma de la barra, pero la otra aguanta al tiempo que la entrenadora se acerca enseñándole un cronómetro y haciéndole gestos en las manos y en los brazos para que siga aguantando. Cuando el esfuerzo llega a su fin tiene las palmas de las manos ardiendo debido a las ampollas.

Vemos a una niña, a la que la entrenadora no deja de gritarle: “venga…hazlo! ¿Qué haces con las piernas?…! cuando la coge del brazo tirándola de donde está subida al suelo. Ésta es una de las mejores de su escuela, pero le tiene tanto miedo a su estricta entrenadora  que le cuesta concentrarse y se distrae con facilidad.

Hay dos gemelos, (número uno y número dos como es tradición llamarlos en China), se ve como el entrenador no deja de comparar a uno con el otro, recalcándoles cuál es el mejor de ellos, e incluso al que está más gordito le recrimina su peso dándole pellizcos y golpes en su barriguilla, al tiempo que le recuerda que solo deben comer una vez al día.

Vemos también a un grupo de alumnos haciendo el pino mientras cuentan hasta cien, podemos comprobar su poder de aguante, sus músculos tensos, sus manos agarrotadas, y sus caritas de desconsuelo cuando al terminar el ejercicio el entrenador les pide que sonrían, que irradien felicidad, cuando en realidad lo que muestran es pena, dolor y desconsuelo.

A una niña que llora mientras hace el pino, su entrenadora le dice a gritos que deje de llorar, que primero acabe sus entrenamientos y después si quiere puede practicar sus lloros.

Y así podría seguir comentando como estos niños/as transcurren sus clases de gimnasia, teniendo que aguantar no sólo el aprendizaje de unos ejercicios que van más allá de sus capacidades físicas, sino también los insultos y los malos modales de sus profesores que le exigen al máximo más de lo que pueden dar. 

Como  conclusión quiero lanzar una pregunta al vuelo ¿realmente es justo el precio que estos pequeños niños deben de pagar, para, quizás conseguir un futuro  mejor, cuando sean adultos?

  

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