ARTÍCULO SOBRE IMÁGENES, NARRATIVAS, CONSCIENCIA Y CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD de José Pedro Aznárez López

      Este texto trata de un mundo tan complejo como es la consciencia, el cuerpo, lo real y lo imaginario.

  

      Nos dice que un delicado velo separa nuestra vida consciente de la nada, nuestra consciencia, nuestro pensamiento son la emergencia última de la actividad cerebral. El sujeto consciente piensa en sí mismo en primera persona, es capaz de decir yo, como un ente separado del resto del mundo, es al mismo tiempo espectador y actor.

Nuestra consciencia “ilumina” el mundo que nos rodea y lo hace visible para sí misma y para los demás, porque es capaz de compartir información.

La realidad solo existe cuando estamos consciente, cuando dormimos todo deja de existir, si la actividad cerebral se degrada o desaparece todo se pierde.

       

     Para nosotros no existe otra realidad que aquella que somos capaces de conocer. Nada existe tal y como vivimos; la realidad que creemos tener ante los ojos es nuestra interpretación de la realidad.

Cada cerebro, cada persona, es una oportunidad única. Con cada desaparición de un hombre o de una mujer desaparece la realidad que emergió con él o ella, y despues solo quedan cientos de fotos, algunos cuadros, que en la mayoria de los casos acaban tambien por desaparecer. Solo algunos sujetos permanecen más en la memoria colectiva, incluso parecen eternizarse, como Beethoben, Van Gogh, Rodin…

La consciencia cree aprehender directamente  lo real, cuando lo que hace es interpretarlo. Nadie puede conocer directamente la realidad, habitamos en un mundo de conceptos, de ideas, de imágenes. El cerebro construye interpretación de la realidad, no funciona con lo real sino con las interpretaciones de lo real, que le permiten ir más allá de lo sensible y lo lógico.

     

     La mente no es consciente de los procesos bioquímicos de su formación, ni percibe las células que conforman su cuerpo, ni es capaz de sentir el ADN de que ha surgido, y ha provocado su crecimiento y formación. De hecho, nos da la sensación de existir al margen de nuestro cuerpo.

Nuestra mente permanece en un cuerpo que está en continuo cambio, sin embargo, se siente como algo al margen de él. Esta es una de nuestras debilidades cerebrales: situdos en un cuerpo, pero distinto del cuerpo. Un gran engaño, la mente tambien cambia sin cesar.

  

     Nuestra consciencia es un fenómeno de memoria, es un proceso complejo donde los limites de la consciencia son difusos; el yo, el self es inestable, y no siempre está en nuestra mano gestionar su aleatoriedad, por ejemplo la gula, perder los estribos… y es frágil, por su carácter emocional. Vivimos una realidad que nos emociona, teñimos la existencia de emotividad y de significado.

Continuamente, salvo por alguna patologia sentimos emociones, nos encanta sentirlas, así como describirlas. Pero las emociones no son algo concreto, afloran como resultado de un proceso de interacción bioquímica entre el cerebro y el cuerpo.

Las emociones surgen en el proceso evolutivo para garantizar nuestra subsistencia y bienestar.

Las emociones pueden ser tanto el condimento como la tortura de nuestra vida. Son un componente esencial de nuestra experiencia y tiene una influencia decisiva en nuestra conducta y en nuestro pensamiento. En gran medida, vivimos y actuamos en función de ellas. Todo puede emocionarnos, La realidad está teñida con lo que soñamos, con lo fantástico, con lo místico. Un sinúmero de narrativas e imágenes explican la realidad, y la capacidad humana es vivir a través de narraticas, imágenes, ideas e interpretaciones, que nos situan ante el poder inmenso  que tienen los relatos y las representaciones en nuestra vida y en nuestro conocimiento de la realidad.

        

  

     La diferencia entre lo real y lo imaginario es demasiado leve para nuestros cerebros, para que no transpasemos la frontera sin ser conscientes de ello. A veces lo irreal llega a ser más cercano a lo real que la simple descripción.

  

Cuando nos referimos a algunas personas como “Quijotes” o “SAnchos Panzas”, lo estamos haciendo de una manera completamente coherente y clara, pero que depende de un texto. Dependemos de ese tipo de referentes para calificar y comprender lo real, y a veces, mezclamos lo real con lo imaginario, sin que haya realmente solución de continuidad.

     

     A diario estamos sumergidos en lo cultural, que se manifiesta de múltiples formas, como pueden ser las costumbres, ya que somos seres culturales.

 

Hay muchas posibles realidades. El que existan aspectos cuantificables y constantes universales (como la ley de la gravedad) no pueden ocultar como nuestra realidad cotidiana es al final el resultado del funcionamiento de nuestro cerebro.

La realidad es un producto cerebral, social… es una construcción cultural. Incluso aspectos aparentemente espontáneos como la sexualidad, la alimentación, lo vivimos según ritos de nuestra cultura. Los imaginarios, narrativas y los relatos de la cultura, en general,  no surgen espontaneamente, han sido construidos, y no es lo mismo por ejemplo un imaginario en que la relación amorosa se construye desde la igualdad que un imaginario en que la relación amorosa se construye desde el poder y la discriminación.

  

     La noosfera e imaginarios se alimentan de diferentes elementos, como imágenes, entes… A su vez cada imagen ha sido constituida de imaginarios anteriores, que se habrán alimentado a su vez de otros imaginarios y elementos anteriores. De modo,que cuando vemos una imagen estamos empapándonos de muchas cosas que aparentemente no vemos.

Los textos e imágenes pueden conservarse indefinidamente y seguir actuando en la vida de las personas. Por ejemplo: los escritos de Aristóteles.

Gran parte de la realidad la podemos ver a través de internet. Ejemplo la Estatua de la Libertad, o las Torres Gemelas, a pesar de que estas últimas ya  no existen.

Las imágenes no son simple representaciones, son realidades que a menudo funcionan como enunciados imperativos.

       

     Hay extensiones que nos permiten conocer otras vidas, otros mundos, ampliar nuestra realidad,

     

     Los relatos, las narraciones han dado nombre y forma a todo cuánto nos rodea. Han dado nombre a nuestros miedos y odios y también a nuestros deseos. Han dado, por ejemplo, nombre, forma y carácter a la libertad.

Desde hace siglos en la escuela se enseña una visión de la realidad como si ésta fuese firme y constante, como si no tuviese nada que ver con las ideologías e imaginarios, como si no fuese una reconstrucción cerebral y subjestiva. Rara vez se cuestionan las obras de arte y la realidad que construyen y menos aún como surge la realidad en el interior de la mente.

     

     La consciencia es el mayor tesoro del hombre. Nos relacionamos e incorporamos muchas cosas de los demás a nosotros mismos y podemos crecer hacia fuera, pero ese crecimiento depende de la fragilidad de nuestra mente, de nuestra consciencia.

Todo influye sobre quienes somos, sobre la vida que vivimos, sobre la realidad que experimentamos y conocemos.

Cada uno es único: es una historia particular, irrepetible, que necesita construirse continuamente.

     

     Llegado a este punto, el autor del artículo nos dice que una de las funciones fundamentales de la educación artística es ayudar a los alumnos a ser conscientes de que lo real es una construcción, siendo capaz de rastrear que hay detrás de los imaginarios, de las prácticas de la visualización, siendo capaces de concebir que el mundo que ahora aparenta ser el único, puede ser pensado y vivido de otra manera.

También enseñarles a ser conscientes de que ellos mismos son tambien construcción, hiperfrágil, siempre a punto de derrumbarse por una enfermedad, un dolor, una ira. Siempre vulnerables al delirio, a las emociones… a lo que les rodea.

Y hacerles ver que no existen si no hay interacción con todos los que lo rodean, y que por tanto pueden elegir cómo y con qué actuar, porqué y para qué actuar, pensar sentir.

Además hay que hacerles ver a los alumnos que una vida plena supone amar y desear el mundo con la responsabilidad de construirlo cada día mejor, que una vida plena supone pensar y repensar constantemente que realidad estamos proyectando, que imagen de nosotros y de los demás estamos dando.

La educación artística puede ser un trampolín para ser libres, para ser capaces de ver y comprender el mundo desde la libertad y la congruencia.

Si enseñamos a dibujar, pintar, fotografiar o esculpir, no es porque aprender  a fabricar imágenes sea el fin último, es porque mediante las imágenes podemos acercarnos a cuanto nos rodea: crear nuevos modos de construir/narrar la realildad y de construirnos/narrarnos a nosotros mismos.

   

    

 

    

 

 

 

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